noviembre 08, 2006

Amy Lee

Cuantas historias haría con ella, nos inventaríamos un mundo...
Pediré el perdon por todos mis pecados para vivir encadenados en la resurrección.
(Es mi sueño guajiro)

octubre 27, 2006

Chicas Corona

Solo quería compartir con ustedes estas hermosuras yucatecas que están a mi lado. Nada en especial que decir.

octubre 23, 2006

La ansiedad de Juan


Con mucho cariño para Sari



El mar estaba calmado, las olas se movían como si les costara mucho esfuerzo levantar su cresta para después azotarse en la arena de la playa, no había viento, las gaviotas deambulaban bajo el sol de medio día, el calor se hacía cada vez más insoportable que hasta los cormoranes se sumergían en el agua simplemente para refrescarse. A las orillas de este mar calmado se asentaba un pequeño pueblo de pescadores en el que la vida pasaba sin ninguna relevancia, era un pueblo pequeño, todas las personas que en él vivían se conocían, los hombres se dedicaban principalmente a la pesca, las mujeres dedicaban su vida y tiempo a los hijos y a las labores del hogar. En una pequeña casa junto al faro vivía don Julián y su esposa Delia, tenían cuatro hijos, el mayor se llamaba igual que el padre y a sus quince años ayudaba a su papá con las artes de la pesca, claro, solo los fines de semana pues en días hábiles iba a la escuela al igual que sus tres hermanos restantes, José de trece años, Ana de 12 y Juan de 10. Todo transcurría normalmente en la vida de esta familia hasta que un día en épocas de nortes una tormenta trajo las aguas de este pueblo un pequeño barco que provenía de tierras mas al sur, lo tripulaban solamente cinco personas que de emergencia anclaron la embarcación durante la tormenta y se dirigieron a tierra firme en un bote, llegaron a la casa que estaba a un costado del faro, don Julián los recibió ofreciéndoles sopa caliente y mantas para el frío, los marineros se quedaron dos días con aquella familia esperando que pasara la tormenta, al tercer día zarparon rumbo al norte. Juan lo recuerda bien pues Gonzalo, el capitán le había platicado sobre las sirenas, aquellos seres que habitaban en el mar. Desde ese entonces Juan observaba con mas detenimiento el pedazo de mar que alcanzaban a ver sus ojos esperando algún día ver a las famosas sirenas, acompañaba a su padre los días de pesca, pasaron los días y con ellos también los años y Juan cumplió 13, había terminado ya la primaria al igual que todos sus hermanos y Julián se había ido del pueblo para continuar con sus estudios pues su comunidad era tan pequeña que no había enseñanza secundaria, Ana ayudaba en las labores de la casa, aprendía a cocinar, a planchar, a bordar, a tocar los aguacates del pequeño huerto para saber si ya estaban maduros, a calcular la hora del día sin consultar el reloj, a criar pollos y cerdos. Un día llegó al pueblo una maestra proveniente de la capital, llegó a la escuela solo como sustituta temporal del maestro de español que se había enfermado de gravedad. Luisa, la nueva maestra era una mujer joven, con cabellos rebeldes color castaño, mirada pícara y boca delgada, cuerpo esbelto y bien delineado, no se le notaban sus 32 años, una mujer sin duda alguna muy experimentada, había estudiado filosofía y letras en la universidad, viajó por Centroamérica solo para conocer los lugares en los que una lucha armada a favor del pueblo había tomado lugar, soñaba con algún día ir a cuba y enamorarse ahí de algún pescador amante de la literatura, pero para realizar su sueño debía primero trabajar y por eso aceptó ir en reemplazo temporal a aquel pueblo. Juan y Luisa se conocieron una tarde en el muelle cuado Juan leía aquel libro que le había regalado un marinero hace ya algún tiempo, libro que ya se sabía de memoria debido a que era el único que poseía, cuando Luisa lo encontró tan metido y desconcertado en tratar de encontrar respuestas viendo su reflejo en el agua le llamó la atención el interés de Juan por esos temas. Luisa se presentó y se sentó junto a él, platicaron varias horas de libros que hablaban de sirenas, poetas que dan su vida por la persona amada, científicos importantes, historias revolucionarias y leyendas. Cada domingo por la tarde se sentaban en el muelle y Luisa le leía algunos libros que ella poseía, llegó el tiempo en que ella se tuvo que marchar, pues el profesor titular se había ya recuperado, Juan se sintió de nuevo solo, con nadie en el pueblo podía compartir su entusiasmo por las letras, nadie podía saber lo que él había aprendido cada domingo con Luisa, había veces que deseaba tomar la lancha de su padre y marcharse por mar hacia los lugares de los que Luisa le había hablado. El destino de Juan día a día se iba formando, acompañando a su padre todos los días a pescar el destino iba decidiendo el oficio de Juan por el resto de su vida y Juan irremediablemente lo había aceptado. Así pasó un año hasta que por casualidad encontró en el mar una botella flotando, la alcanzó y vio que dentro de ella había una carta, al quitar el corcho y sacar la carta leyó que las líneas estaban dedicadas a una mujer, alguien le escribía a su amor, Juan pensó que se perdía de todo lo que quería saber y conocer a cerca del mundo, de nuevo comenzó a sentir esas ansias de irse y vivir a otros lugares y tener otras experiencias. Por la noche no podía dormir, solo pensaba en la carta, en lo desconocido del otro lado del mar. Se levantó y salió silenciosamente de su casa, la luna estaba casi llena, se dirigió a la playa, se llenó los bolsillos de piedras para ahogarse y no regresar jamás y caminó mar a dentro. Imaginaba que estaría lleno de ahogados, y voces, y sirenas de cabellos enloquecidos y jóvenes suicidas con poemas en las manos. Pero sólo encontró oscuridad, soledad eterna y silencio.

octubre 10, 2006

Domingo

Es cierto, los domingos son los peores días de la semana. Son tristes, aburridos y locos. Tienen esa maña de llenar todo de pereza y melancolía, de ser más largos que cualquier otro día, de aplastarte las sienes con los colores del atardecer. Ocasionalmente salgo a Wal-Mart o a algún centro comercial nomás a babosear porque nunca traigo dinero. Una vez me quedé horas viendo compus, nomás apretando los botones, abriendo y cerrando programas hasta que el encargado sutilmente me corrió. También me he quedado sentado en los pasillos observando niñas, es tan agradable ver mujeres bonitas y mejor aún si están buenas, otras veces me meto al Mix up a escuchar discos, sería bueno que te den un asiento cuando te la pasas escuchando discos porque cuando te pasas mas de una hora parado sin caminar los pies te comienzan a doler insoportablemente. Me gusta cuando a alguna encargada bonita le hago perder el tiempo buscando discos que yo me invento.

Aburrición, acostado, TV. Debería salir al cine por lo menos, buscaría una película digna de un domingo, de esas películas tontas en las que no necesitas saber historia general para entenderle. No me da pena ir solo al cine, lo malo es que no tengo dinero.

Los domingos nunca los planeo, he pasado domingos todo el día metido en la cama, viento programas de TV o películas y sólo me levanto de la cama para satisfacer mis necesidades mas básicas: comer e ir al baño. En short, pijama o en puros calzones. Quedarme horas frente al televisor o leyendo algún libro, solamente observar de cuando en cuando por la ventana cómo va cambiando el día. Dormir a ratos, ora ver TV, ora leer, otra vez dormir. Apagar el celular y no abrir la puerta a nadie, aislarme del mundo, quedarme solo conmigo. Inventarme un mundo. Morirme un rato. Encerrarme en mi esquizofrenia con pizcas de paranoia adornada con depresión. Solo imaginario, no creo estar tan loco para tener todo eso, no podría pagar el psiquiatra.

La tarde ya llegó, ahora que procede?. Matar cucarachas… esas salen por las noches. Podría salir a ver a los cuates del barrio, pero eso implicaría levantarme de mi cama y salir, chiflar y esperar a que alguien aparezca con la probabilidad de que no salga nadie y me que de yo solo sentado en la esquina, oliendo los perros calientes que venden cruzando la calle y ya dije que no tengo dinero para cenar en la calle.

Bueno, ya va a oscurecer, es muy triste, los colores se vuelven pálidos y en el cielo aparecen naranjas y rojos agonizando. Perros olisqueando otros perros. Vacío. Hace calor. De un momento a otro me quedaré dormido, los párpados se me cierran de repente. Mañana volveré a abrirlos.

julio 14, 2006

AQUEL DÍA

Bajo un sol que está perdiendo la batalla que día a día soporta contra el inclemente tempo me pierdo entre la gente que va y viene, nadie me dirige una mirada, solamente camino en busca de otra. Después de unos minutos la encuentro, esa mirada que me fascina, dulce, fría pero a la vez tierna y distante. Me acerco y digo “Hola“, ella responde sin ninguna ambigüedad, la luz del día se opaca y decido llevarla a un bar. Entre cerveza y cerveza encuentro su signo, su cumpleaños y su nombre, entre cerveza y cerveza evito enamorarme pero es inevitable. Entre cerveza y cerveza la invito a verla otra vez. Al día siguiente la veo arreglada, única, hermosamente bella, insustituible, yo me limito a admirarla y las palabras sobran para describir aquella linda figura. Yo en pantalones de mezclilla Levi’s y una playera oscura aguardo el momento de decirle lo hermosa que se mira, pero nunca encuentro el momento, solo me limito a mirar. Después ella me da la pauta, se acerca y me elige, yo no sé que hacer, no sé que decir. Pasa el tiempo y los whiskys también, entre trago y trago nuestros pies se confunden hasta llegar a un momento en que nos entendemos y decidimos dejar la fiesta, dejar las máscaras e irnos hacia donde el viento diga nuestros nombres, la llevo y elijo un lugar secreto ante nuestros ojos, la luna es testigo de aquellos momentos, la arena es cómplice de nuestros cuerpos, de repente sin ningún presagio nuestras bocas se encuentran, nuestros labios se buscan y se funden en un beso salado pero a la vez romántico y seductor. No sé que pensar, nos damos un tiempo y decidimos irnos, pero ella me llama, su mirada busca algo más y sus palabras no dejan lugar a dudas. Cuando llegamos a mi casa la luna ya estaba bajo la ciudad, nos fundimos en varios besos y mientras nuestros cuerpos llegaban al máximo nuestras mentes soñaban con algo mejor… terminada la noche entre quejidos y arrumacos, vuelve el silencio, la oscuridad.

Cada día era lo mismo, entre las nubes y las cervezas buscaba algo, entre aquella mirada y el humo, buscaba caricias que dejaran ver entre miradas alguna señal, indiferente, pero a la vez necesaria de aquellos arrumacos. Nunca lo pude descifrar, esos enormes ojos ocultaban misteriosamente un pasado, un delirio, una ansiedad. Probablemente estuve inmerso en ellos, probablemente fueron insuficientes esas noches de necesidad. Ahora solo queda el viento que trae tu aroma en aquellas noches frías en que la luna falta… y también tú.

abril 09, 2006

Carlos Villegas: mi Pa'


Desde hoy me harás falta
hasta que también muera.


Desde niño lo veía llegar cuando regresaba del trabajo, era una persona que imponía su autoridad, con personalidad, frío, rudo, sin delicadezas ni cursilerías, pero cariñoso con mi madre, con mis hermanas y conmigo. Durante mi adolescencia fui rebelde, tuve muchos pensamientos entrecruzados sobre mi padre, aquel hombre rudo no comprendía mis miedos, mis sueños, mis preocupaciones, se dedicaba solamente a criticar mis actos con regaños y comentarios hirientes, cuando pasaron algunos años todo cambió, dejé de vivir en la casa de mis padres por un tiempo y cuando regresaba (generalmente cada ocho días) veía a mi padre cambiado, ya no era aquella persona que imponía su autoridad, aquella persona que intimidaba con la mirada, que criticaba mis actos, mis pensamientos, algo había en él que había cambiado, era mas amable, se interesaba en mis gustos, en lo que pensaba, lo que hacía, lo que decía… aquel hombre que no me enseñó a andar en bicicleta, ni a jugar fútbol, me enseñó cosas mas profundas como el poder del conocimiento, la estabilidad en una familia, la inmadurez de los adultos, la entrega en el oficio, la perfección en los actos, la responsabilidad de mis decisiones, la seriedad en los ojos, el obtener su confianza sin lugar a dudas fue lo mas difícil que aprendí con el.

Un hombre discreto, sin exceso de palabras, sin prejuicios, sin dios y sin diablo. Mirada seria, brazos fuertes y manos ásperas que le dejaba el trabajo, voz dulce pero con palabras duras y enérgicas, con sonrisa envidiable y carcajadas contagiosas, con amor por su familia: el jefe de la casa.

Hoy falleció mi padre, un paro cardiaco acabó con su vida débil desde hacía algunos meses, hoy termina su historia que dejó muchas satisfacciones, puedes descansar tranquilo Pa’, tu vida valió la pena, hiciste de ella todo lo que quisiste, la disfrutaste, pero cierto, no era tu hora aún, tal vez sí, pero para mí eras demasiado joven para la muerte.

Siempre estarás conmigo Pa’, nunca te dije lo mucho que te admiraba y te quería, ni lo bien que te veías con lentes y barba, ni tampoco te dije que me gustaba que manejaras a gran velocidad, hoy te confieso esto y que cuando tenía 15 años tomé de tu billetera tu tarjeta para ira al cajero y robarte cien pesos, también que tomé tus tenis convers la vez que regresé de Cancún porque los míos me los habían robado, te confieso que siempre fuiste mi ídolo, que nunca dejé de tener fe en ti, ni cuando tu trabajo ya no daba para mas. Hoy, demasiado tarde te confieso que el día mas importante en nuestra relación fue cuando te subiste a la azotea de la casa conmigo y me dijiste que ya no llorara, que en el mundo había más mujeres y me golpeaste la cabeza jugando, nunca olvidaré ese día.

Muchas gracias Pa’, por darnos tu tiempo y tu amor. Muchas gracias, por ti estoy ahora haciendo lo que me gusta, eso siempre me lo enseñaste y nunca lo olvidaré, hay que hacer en la vida lo que nos gusta. Te llevas un pedazo de mí, pero se queda todavía en este mundo un pedazo de ti: yo.

Te amo Pa’. Hasta siempre.

marzo 28, 2006

¿El amor es realmente amor?

El amor es el silencio mas fino,
el mas temblorso, el mas insoportable.

Jaime Sabines


No puede haber palabra más cursi que AMOR, pero en ocasiones deja de serlo para convertirse de una palabra cursi a un verbo, una palabra de acción, es entonces cuando la palabra cobra realmente un sentido muy importante, se vuelve fundamental, se vuelve el motor de todo ser humano, se vuelve un motivo. Hay varios tipos de amor, por ejemplo, amor a la patria que no es otra cosa que el encariñarse con el país en el que nacimos; también está el amor a la madre, a los hijos, a los hermanos, o sea, el amor familiar, existe también el amor al amor utilizado algunos ayeres como símbolo para fomentar la paz; pero del que hablaré en este momento es un amor un tanto diferente, un amor amor, el amor por la persona amada, o sea, por tu novia, pareja, esposa, amante, concubina, la dueña de las quincenas, la que nos quita el sueño, la que nos trae en la baba.

Como se diferencia el amor del amor amor? O en otras palabras, ¿cómo sabemos que de verdad amamos?
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro. Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro. Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)

Jaime Sabines

Lo que no sea pasión loca o amor desenfrenado es pérdida de tiempo, hay en la vida demasiadas cosas mediocres y el amor no debe ser una de ellas. El amor es realmente amor cuando dejas de pensar en lo complicada que a veces parece la vida, cuando despiertas un día y solo hay alguien en tu mente, cuando te lavas los dientes pensando en esa persona, cuando la vida parece mas llevadera, cuando estás seguro de que es la persona indicada, eso se reconoce, se sabe cuando esa persona es ese alguien que será muy importante en tu vida solo por el simple hecho que la amarás y serás amado de igual manera. Cuando pasa el tiempo y la sigues amando como el primer día.El amor es en realidad amor cuando se siente. Sabes que es amor cuando lees esto y piensas que me quedé corto.

marzo 23, 2006

El mar y sus demonios

Siempre le habían llamado la atención los misterios de los mares, la inmensidad de los océanos le fascinaba, quiso estudiar oceanología y descubrir los secretos de los mares o biología marina para encontrar y conocer el mundo submarino pero tuvo que conformarse con ser contador, su familia pasaba por una mala situación económica y le pidieron, le rogaron, le ordenaron que estudiara una carrera de provecho, algo que le dejara dinero y le facilitara encontrar empleo seguro y rápido, así que Javier tuvo que dejar el romanticismo de los mares para dedicarse a las cuentas. Entró a un colegio técnico en donde cursó la carrera de contador público y se tituló a los dos años, tuvo suerte de encontrar trabajo en una empresa de gran renombre, poco a poco su nivel económico iba en aumento, su familia estaba orgullosa de él pues ahora era un hombre importante, al menos para su familia, pues era el que traía el sustento económico. Su padre era un hombre ya de edad, jubilado por el gobierno pero todavía con ánimos de vivir y encontrar que hacer en la vida, su madre en cambio, era una mujer poco más joven que su padre y sufría en todo momento de males que sólo ella percibía, que si las reumas, que la tos, ora la vista, el corazón, en fin, una mujer sin quehacer en la vida que necesitaba que todo mundo estuviera al pendiente de sus necesidades y que no le gustaba estar sola. A sus 33 años Javier vivía aún en la casa de sus padres, siendo hijo único el amor de su madre se volvió sumamente posesivo al grado de hacerle escenitas de celos con cada amiga que Javier llevaba a la casa, debido a ello Javier dejó de buscar a la mujer de su vida pues le preocupaba que su madre se le pasara la mano en un intento de ataque al miocardio y de verdad muriera, así transcurría su vida, entre las cuentas del trabajo, las cuentas de la casa y las pocas, bueno en realidad, las casi nulas cuentas de su vida. Por las noches tomaba algún libro de su colección personal a cerca del maravilloso mundo submarino, le gustaba observar las fotografías de focas, tiburones, imágenes aéreas en donde solo se percibía agua marina, pero uno de sus libro favoritos era el que hablaba sobre las leyendas de los mares, en especial de las sirenas. Cuando lo empezaba a leer se quedaba dormido y soñaba que se embarcaba sin rumbo fijo, navegaba por meses completos hasta que un buen día cerca de la costa, sobre una gran roca veía a una sirena peinando su larga cabellera que al percatarse de que estaba siendo observada de inmediato se sumergía para no volver a aparecer.

Pasaban los días y Javier comenzó a darse cuenta de que su vida era un montón de recuerdos sin sentido, trabajaba haciendo cosas que no le llenaban, sus sueños eran otros, quería navegar por el mar, conocer el mundo o por lo menos su país, viajando por las aguas, sintiendo el ese olor a mar, esa brisa fresca en la cara, ese inagotable paisaje de agua y cielo. Se levantaba cada mañana con esa idea, el día transcurría imaginando que estaba ya en alta mar y que después de un largo viaje escuchaba el mágico canto de una sirena llamándolo, él desesperadamente se lanzaba al agua y su sirena iba en su búsqueda, cuando lo encontraba lo llevaba a la una playa olvidada en una isla en medio del mar y se enamoraban perdidamente hasta el fin de sus días. Cuando daban las seis de la tarde el sueño de Javier desaparecía, tomaba su portafolio y tomaba el autobús de regreso a su casa en donde su madre y una larga lista de pesadumbres y malestares lo esperaba.

Fue una tarde de domingo cuando Javier sentado frente al televisor miraba un programa que hablaba de las sirenas y otras leyendas, su padre lo observaba detenidamente, después de unos minutos se acercó a su hijo aconsejándole que se mudara, que le hacía falta vivir solo, vivir su vida, tener amigos, fiestas, muchachas que lo acompañen hasta altas horas de la madrugada, o si no era eso lo que buscaba que se fuera al puerto y se embarcara de una vez por todas pues no hay nada peor en la vida que alimentarse con ideas reprimidas. El fin de semana siguiente Javier se encontraba viajando rumbo al puerto, las palabras de su padre fueron el empujón que necesitaba para liberarse de la desidia que lo aquejaba, después de horas de viaje llegó a un puerto comercial, para su mala suerte debido a su ignorancia sobre el tema no llegó un puerto en donde los barcos de pasajeros que daban la vuelta al mundo o por lo menos a la costa salían. Encontró a un par de marinos de aspecto rudo descargando kilos y kilos de peces, se acercó y preguntó por algún barco que zarpara hacia algún lugar cercano solo este fin de semana, los dos marineros se voltearon a ver y soltaron una carcajada que desconcertó y apenó a Javier. Les explicó que deseaba salir este fin de semana, aunque solo fuera un día entero y navegar en el mar, ellos le dijeron que se había equivocado de lugar, que ese no era un muelle turístico y no iba a encontrar uno cerca, que los barcos que allí se encontraban eran pesqueros en su mayoría y no eran para pasear a turistas. Javier cabizbajo dio media vuelta y se alejó del lugar, pensaba que había sido mala idea el salir a realizar su sueño, mientras caminaba observaba sus pasos, el sol se empezaba a ocultar en el horizonte, de pronto alzó la vista y recordó las palabras de su padre: no hay que alimentarse con ideas reprimidas. Regresó con los marinos y les pidió que lo llevaran a pasear en su barco, que les pagaría bien, ellos se voltearon a ver nuevamente y volvieron a carcajearse, Javier se sintió molesto y apenado otra vez, uno de los marinos lo miró y le preguntó que cuánto estaba dispuesto a pagar, el con una sonrisa les contestó que lo suficiente como para que no se arrepintieran, los marinos voltearon a verse nuevamente y con una leve sonrisa en sus labios asintieron afirmativamente el uno al otro, después uno de ellos se dirigió con voz fuerte a Javier diciéndole que lo esperaban al día siguiente a las mañana a las seis de la mañana en ese lugar.

Por la mañana siguiente Javier estaba a las seis en punto en el lugar pactado, los marineros llegaron con un poco de retrazo, la mañana había amanecido nublada y con fuerte viento por lo que les daba poca confianza para alzarse a la mar, tuvieron que esperar una hora mas o menos para poder saber si había buen tiempo para navegar y para fortuna de Javier el viento y las nubes desaparecieron dando paso a una mañana fresca y despejada. Durante las dos primeras horas de viaje Javier no se despegaba de cubierta, fotografiaba todo cada minuto aunque fuera pura agua, uno de los marinos subió a cubierta para hacerle compañía, comenzaron a platicar sobre su trabajo, la familia y cosas que es de rigor comentar y conocer de una persona, a pesar de su aspecto rudo los marinos eran personas amables. Durante la hora de la comida los marinos empezaron a platicar sobre sus innumerables experiencias en alta mar, eran tipos que habían vivido ya lo suficiente como para poder morir tranquilamente, Javier una vez entrando ya en confianza les preguntó sobre las leyendas de las sirenas, los marinos voltearon a verse y se echaron a reír, uno de ellos en forma de burla le dijo que eso solo eran cuentos de niños, pues nunca habían visto a las famosas sirenas aunque todos los marinos conocen bien esas leyendas, las sirenas son mitad mujer mitad pez, poseen una belleza inigualable y una voz mágica capaz de enamorar a cualquier marino que la escuche, los atrapan con sus encantos, los seducen para que vivan el resto de sus vidas con ellas. Javier estaba fascinado con las historias de sirenas que contaban los marineros, se imaginaba sumergido en el idilio marino del que las sirenas eran responsables. Al siguiente día el barco ya iba de regreso hacia el puerto donde habían zarpado, Javier estaba haciendo realidad parte de su sueño, se sentía satisfecho, parado sobre la proa del barco sentía el aire revolver sus cabellos y tenía esa sensación de dicha. Fue entonces, cuando de pronto a lo lejos vio una gran roca sobre el mar, ya cerca de la costa, y sobre la roca se movía algo, mientras el barco se acercaba la imagen se volvía más nítida, Javier no lo podía creer, tallaba sus ojos para cerciorarse de que era verdad lo que veía, sobre la piedra había una hermosa sirena peinando su gran cabellera oscura, desnuda del torso sus senos se movían al compás de sus manos cuando desenredaban sus cabellos, su cola brillaba en tono plateado reflejando la luz del sol, Javier gritó a los marinos pero estos no lo escucharon, la sirena miró a los ojos a Javier, abrió su boca y comenzaron a salir de su garganta algunos tonos melodiosos que cautivaron sus oídos, mientras el barco se acercaba mas y mas a donde estaba aquella sirena que solo existía en las leyendas, Javier hipnotizado por aquella canción deseó de una manera desesperante tocar a aquella hermosa sirena, se había enamorado perdidamente de ella, quería vivir a su lado en aquellas costas en donde se dice que las sirenas llevan a sus enamorados para vivir el resto de sus vidas juntos, Javier saltó del barco sin más ni mas, su mirada se convirtió en miedo pues no sabía nadar y sus desesperantes movimientos lo hacían hundirse en lugar de flotar en la superficie, por su mente pasó la idea de que aquella princesa lo rescatara y lo llevara con él, pasaban los minutos y Javier se ahogaba lenta y agónicamente, los marinos no se dieron cuenta del salto de Javier, minutos después medio ahogado vio como la sirena nadaba hacia él y tendió sus manos hacia ella. La sirena no se acercó más. Con su hermoso rostro sereno contempló cómo Javier se hundía lentamente. Cuando dejó de respirar, ella se aburrió y abandonó el lugar envuelta en un remolino de espuma.

marzo 18, 2006

Imagina el mar sin agua

Imagina el mar sin agua
solo un valle lleno de nada
de arena blanda, de amor sin tiempo.
Imagina el mar sin agua
solo la luna lo contempla
sin blancas olas, sin cartas en botellas.

La mejor manera de tenerte es queriéndote
sin prisa alguna, sin tiempo, sin respiros
sin besos que terminen ni abrazos que no aprieten
sin sueños rotos ni amores heridos.

Ayer vi tu sonrisa en el cielo
el relámpago me despertó y solo abracé tu recuerdo,
tan lejos las montañas nos separan,
las canciones son más tristes.

Imagina el mar sin agua
solo un valle sin ti, sin mi.
Imagina el mar sin agua
sin paseos por la playa
sin tu mano en mi mano, sin cartas en botellas.

febrero 01, 2006

Reflexión: Proverbio chino


Un hilo rojo, invisible, conecta a aquellos que estan destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar, a pesar de las circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca romperse.

enero 23, 2006

Muerte en el desierto

Se fue acercando hacia la sombra lenta y agónicamente, los rayos del sol le quemaban la piel y la agotaban aún más, quiso descansar bajo aquellos arbustos pero el dolor que se apoderaba cada vez más de su cuerpo le impedía moverse demasiado, la pérdida de líquido hacía que sintiera una sed extenuante y en los alrededores no había ningún indicio de agua. Todo alrededor era árido, solo había arbustos y cactáceas, para otros ojos parecía muerto, desolado, pero ella sabía que no era así en realidad, que la apariencia es engañosa pues ella conocía perfectamente el lugar y sabía que la observaban, dentro de los cactos había ojos, bajo esa piedra, bajo aquella otra y también en el aire. Con mucho esfuerzo logró llegar hasta la sombra que ofrecían reconfortante aquellos arbustos, cuando por fin lo consiguió se dispuso a descansar y de un solo golpe apoyó su cabeza en el suelo, mientras su mirada se perdía en el horizonte su vida comenzó a pasar ante sus ojos, recordó el día en que nació, aquel día que dentro del túnel abrió los ojos al mundo por primera vez, descubrió la luz de la vida, indefensa se arrastró hacia la entrada de aquel túnel, deteniéndose en la entrada sintió por primera vez el miedo, ese que se transmite de generación en generación por medio de signos genéticos y que les dice lo que deben y lo que no deben hacer. En este caso esa información le decía que se cuidara de otros animales hasta que sus colmillos fueran lo suficientemente fuertes para perforar la piel de los enemigos, además de que su cascabel comenzara a sonar para que éste diera la llamada de alerta ante cualquier depredador. Echando un vistazo hacia todos lados se aseguró de que no la viera nadie y apresuradamente se refugió en los arbustos que tenía adelante, desde ese entonces los arbustos fueron su escondite favorito.

Durante sus primeros meses no se alejaba mucho de aquel túnel, ni de aquellos arbustos pues temía a lo desconocido. Fue hasta un día cualquiera cuando el instinto la llamó a explorar nuevos lugares, a buscar su propio lugar, su propio territorio. Se armó de valor con un suspiro. Sabemos que los suspiros siempre nos dan valor o consuelo, y decidió abandonar su lugar para comenzar su viaje, decidió marcharse cuando el ocaso llegara, así evitaría los agotadores rayos del sol. Llegado el momento emprendió su viaje con mucho temor pero al mismo tiempo con una gran curiosidad. Después de varias horas de recorrido comenzó a tener esa no tan agradable sensación de hambre, la noche se había adueñado desde hacía varias horas del lugar, buscó un arbusto y se dispuso a descansar, se enroscó y esperó. De tanto en tanto miraba al cielo, contemplaba las estrellas y la luna, de pronto un pequeño ratón llamó su atención, seguramente buscaba algo que comer y para su mala fortuna se dirigía hacia una muerte segura, mientras olisqueaba algunas semillas fue mordido sorpresivamente y un par de minutos después cayó muerto y fue devorado. Estando satisfecha su hambre y habiendo recuperado fuerzas continuó con su camino.

Al siguiente día cuando el amanecer ya estaba asomándose llegó a un lugar totalmente solo en donde había uno que otro cactos, decidió descansar nuevamente y dormir un poco mientras el sol terminaba de salir, cuando despertó el sol ya comenzaba a dar vuelta al paisaje, entonces salió a tomar un poco de calor y calentar su cuerpo para reponer energías, de tanto en tanto le daba un vistazo al lugar ahora ya más iluminado y le gustó para quedarse, así que a los pocos minutos ya estaba delimitando su nuevo hogar. Encontró un túnel en el que entró, continuó por el mismo que tenía una longitud de unos dos metros aproximadamente y al final una pequeña bóveda con espacio suficiente para que diera vuelta, muy probablemente este sitió fue madriguera de algún otro animal, de esos a los que les gusta excavar en la tierra para hacer sus nidos. Es una opción muy obvia vivir bajo la tierra cuando el lugar está falto de árboles, pero ante tal situación no hay vuelta de hoja pues en sitios en donde nunca ha habido árboles el conocimiento de las madrigueras en los troncos huecos de los grandes árboles no sirve de nada, en fin. Así pasó el tiempo, y esto se sabe en el desierto porque pasan los soles y las lunas, pero hay noches que no pasan lunas y es entonces cuando las estrellan aprovechan esta oportunidad para hablarse entre ellas y brillar para que sean vistas. Todo transcurría de una manera muy normal, sólo de vez en cuando otro individuo de su especie llegaba con la necesidad de aparearse. Tuvo varias crías pero al igual que ella, después de un tiempo sus pequeños se alejaron para afrontar la vida solos. En algunas ocasiones se escuchaban extraños ruidos en el día, ruidos extraños que ella jamás había escuchado, un día de esos su curiosidad la motivó a saber qué animal era ese que, a juzgar por la potencia del sonido debía ser un animal enorme, al llegar al lugar lo que vio fue a seres muy grandes que caminaban en dos patas y a otro gran animal hacía un sonido muchísimo más fuerte y aplastaba todo cuanto se le cruzara en el camino, a ella le atemorizaba esto y nunca se acercaba demasiado, sólo permanecía algunos minutos en el lugar observando y huía cuando algún movimiento le causaba temor.

Seguía pasando el tiempo y al mismo tiempo la vida, el ciclo continuaba sin ninguna interrupción hasta que un día cuando ella estaba tomando el sol en una de sus rocas favoritas decidió emprender un nuevo viaje pues fastidiada de ver siempre lo mismo deseó conocer más allá de su territorio, conocer nuevas tierras. Esta vez no esperó el anochecer, el sol llegaba al cenit y bajo los rayos del astro emprendió su viaje, viajó durante todo el día pero ya al atardecer, cuando el sol ya se desvanecía tras las enormes dunas de arena escuchó de nueva cuenta aquellos ruidos que se acercaban cada vez más y muy rápido, cuando giró hacia atrás para ver en que posición venía la amenaza solo pudo observar aquel monstruo gris que pasaba por encima de ella, aquella bestia siguió su camino sin inmutarse, sin ni siquiera regresar para devorarla. Ella quedó paralizada del susto por algunos segundos, cuando quiso moverse no pudo hacerlo pues su cuerpo estaba roto por la mitad, el dolor comenzaba a hacerse insoportable, quedó tendida por varias, nadie acudió en su ayuda, sabía que iba a morir, la noche llegó sin luna y ella agonizaba bajo el brillo de las estrellas, volvió el día a reclamar su tiempo y ella trató de arrastrarse y tratar de regresar a su hogar pero no pudo moverse demasiado, estaba sola. No hay nada pero en la vida que morir solos, sin nadie que nos reconforte antes del último aliento. Con mucho esfuerzo consiguió llegar hasta la sombra de un gran arbusto en donde se resguardó, mientras se reconfortaba así misma los recuerdos de su vida se adueñaron de su muerte.

Reflexión: Pasado sin destino

Soy el caminante de la pena
que no logra vivir tu ausencia.

Raxas


Hay momentos en nuestra vida diaria que nos transportan a algún lugar y momento vivido, ya sea un aroma, un color, un lugar, una palabra, una canción, unos ojos, una boca, unas manos, una sonrisa, en fin, hay miles de cosas que nos pueden hacer recordar aquellos momentos llenos de gozo vividos en algún momento de nuestra vida. Lo malo sucede cuando esos recuerdos llegan con cierta nostalgia y en los momentos menos esperados, y generalmente se asocian con amores pasados, de esos en que la pasión era el principal alimento de la relación, en donde se ama y se es amado por igual. Desafortunadamente esa clase de amores duran poco, tienen la principal característica de ser posesivos, pero realmente esa es la verdad de amor: ser posesivo aunque si a verdades vamos es muy cierto que nunca llegamos a comprender la verdad de las cosas y menos la verdad de los demonios que habitan dentro del corazón. Y ahí vamos, creyendo que lo sabemos todo, suponiendo que amamos y que nos aman, dando tumbos pero cada quién sabe su verdad, lo que no sabemos, al menos durante la etapa de la posesividad es que casi siempre todas las relaciones son injustas pues por regla general una persona termina amando más que la otra y de esto nos damos cuenta cuando la relación termina ya sea por las buenas o por las malas pero terminamos dándonos cuenta de esta verdad. No cuesta mucho adivinar que para quien resulta ser la persona que amó más pues la ruptura se vuelve en una gran pena que lo embarga y lo abraza tan fuerte y tan profundo que en muchos de los casos es muy difícil salir de esa mala experiencia que hasta se han sabido de casos en que estas personas si no son atendidas con tiempo pueden presentar gradualmente signos de locura y en situaciones extremas hasta llegan a morir de amor.

Tu imagen se forma en las calles en que caminabas donde renacen tus palabras que al ído susurraban todas esas libertades que solo tú me dabas. Soy el caminante de a pena que no logra vivir tu ausencia, la vida se me hace una lamentación eterna que desgarra en un grito mi existencia.

Dejamos a nuestros recuerdos muchas veces tomar las riendas de nuestras nostalgias, lo que se necesita aprender es dejar fluir a los recuerdos solo como eso, como recuerdos sin ninguna influencia negativa en nuestros actos presentes o futuros y de esta manera tal vez aquel aroma, aquella caricia, aquella voz, aquel lugar o aquellos ojos dejarán de taladrarnos el corazón con recuerdos pasados.

La luna

Puede que vuelva a brillar el sol en la oscuridad
o puede que vuelva a soñar y a caminar sobre el mar
o puede que el sol se derrumbe y tiña de negro esta noche
o puede que el mar se enfurezca y le grite tu nombre a la arena.

Y pensar que tú estás aquí tan cerca y tan lejos de mí
y la sensación de enloquecer a cada segundo pensando en ti,
a cada mirada que hundimos, a cada palabra que dijimos
no vale la pena llorar, no vale la pena mirar hacia atrás.

Y el sol en tu mirada quemará mis alas de papel
y del cielo me verás caer como un cuerpo
sin alma ni fé.

La luna… que ya está cansada de tanto escuchar
la luna… hace que el viento enfurezca al mar
la luna… mira la lluvia en soledad.

enero 05, 2006

Reflexión. ¿El año viejo es en verdad viejo?

Yo no olvido al año viejo
porque me ha dejado cosas muy buenas.

Canción popular

Crecemos con la creencia de que los años caducan, es decir, que llegan a la cenetud y terminan. Esto lo aprendemos en la escuela, en la casa, en la calle, en la televisión, la radio y demás medio de comunicación y aprendizaje, pero ¿realmente quedan inservibles los años pasados?. Creo que no, cada año nos sirve para aprender, para crecer, para hacer, para no hacer, para ser o para no ser, pero lo que es muy cierto es que estamos regidos por ciclos y cada 365 dias (si el año no es biciesto) se cumple un ciclo anual. En un año se pueden hacer muchísimas cosas o lo contrario, pero a mi parecer un año nunca es suficiente, siempre queda una pila de libros para una improbable lectura, miradas que no llegaron al beso, besos que no culminaron en amor y un sin fin de recuerdos que nos ponen nostálgicos cada fin de año.

Hay que vivir plenamente cada día para que al concluir el año esos recuerdos sean el motivo para seguir con otro mas, los momentos tristes siempre aparecerán y tampoco es bueno borrarlos, en alguna parte alguna vez leí "Olvidar la historia es condenarse a repetirla", y bueno, hay que tratar de crearnos recuerdos felices para recordarlos con alegría cada fin de año, de tal manera de que un año nunca envejece, simplemente termina su tiempo, pero sigue en los recuerdos tal y como fue en su tiempo, porque si tuviera mas tiempo para darnos nadie lo pararía, y pues hay que limitarlo, todos los años tienen la misma oportunidad de hacernos vivir y cada uno con el mismo tiempo. Por lo tanto solo tenemos cierto tiempo para vivir, probar, jugar, amar, soñar, etc., después llegará otro omento para volver a hacerlo pero ya con otras espectativas, porque eso es lo que nos hace el tiempo: nos cambia, debido a ello si pudiéramos retroceder y vivir las experiencias que vivimos en alguna parte de nuestro pasado ya no serían las mismas porque el tiempo nos cambió, y esto no es malo, es ley de vida, todo evoluciona, todo cambia, todo está en movimiento.

Hay que dejar lo pasado y dejar el año "viejo" de igual manera, lo que nunca tenemos que hacer de lado son los recuerdos porque nunca sabemos en que año podamos necesitarlos.

diciembre 28, 2005

El placer del dolor

Caminaba con una despreocupación envidiable por las calles, era poco más de las cuatro de la tarde, el suelo húmedo por la lluvia que ahora había cesado opacaba el ruido de sus pasos, estaba deseoso de encontrar a Martha y llevarla a su casa pues era el día en que por fin la haría suya. La había conocido hace un par de meses aproximadamente en un centro comercial, él miraba un aparador de ropa interior para mujer mientras ella salía de la tienda, el quedó asombrado al ver aquel rostro tan bello y esa figura tan esbelta de su cuerpo, decidió seguirla unos cuantos metros hasta que pudo abordarla con la primer pregunta que se le ocurrió −Disculpe, se le acaba de caer este billete de su bolso−, no era de sorprender que esa casualidad haya aparecido tan de repente, él tenía amplia experiencia en abordar a mujeres hermosas y por supuesto aquel billete lo había sacado de su propia billetera para decirle a aquella joven que se le había caído, −Oh, muchas gracias, no me dí cuenta, se lo agradezco−, mientras decía esto Martha se detuvo un instante para abrir su bolso de mano y guardar aquel billete aunque la inquietó un poco el recordar que casi no llevaba efectivo, −Puedo invitarle un café?, si desea pagarme el favor creo que me haría feliz al aceptar mi invitación−, titubeante Martha pensaba en que decir un rotundo No sería muy descortés de su parte pues, pensando que aquel hombre de honestidad invaluable le había devuelto un billete que ella había tirado por descuido, o al menos así él se lo hizo creer, −Está bien, acepto su invitación−, cuando terminó de decir esto Martha, él con una sonrisa y un ademán con la mano derecha la invitó a seguir caminando para ir en busca de la cafetería que se encontraba en la planta baja del centro comercial. Una vez en frente del “Café Veracruz”, entraron, él amablemente le indicó la mesa y le apartó la silla para que Martha se sentara, posteriormente lo hizo él, quedaron frente a frente, Martha contemplaba su rostro amable, tenía el pelo un poco canoso, bigote discreto, un anillo de plata un poco voluptuoso en la mano izquierda, trataba de adivinar su edad y le calculó unos 35 años pues a pesar de sus discretas canas se veía jovial y lleno de vida aún. Se acercó el mesero para pedir la orden, él le indicó con la mano al mesero que tomara la orden de Martha −Qué va a ordenar? −, −Sólo un capuchino− dijo ella, él pidió un americano sin azúcar. ­−Mire que distraído soy, le he invitado un café y ni siquiera sé su nombre− dijo él mientras le sonreía a Martha, −Martha, Martha González y el suyo? −, −Que mal educado soy, discúlpeme tampoco me he presentado, mi nombre es Humberto Ramírez para servirle, y usted estudia o trabaja en algún lugar? − mientras decía esto el mesero llegó con la orden pedida y se alejaba, ­−Trabajo en este centro comercial, en la tienda de ropa interior para dama que se encuentra acá arriba, solo que a esta hora nos dan un descanso de media hora para almorzar algo−, miró ella su reloj y tomó un trago de su café, paseaba sus manos por la mesa, −Mire que casualidad, entonces mi invitación coincidió con su hora de descanso, y a que hora sale de trabajar? digo, si no es indiscreción de mi parte saberlo−, Martha sonrió nerviosa y le dijo que a las 5 de la tarde, mientras platicaban el se mostraba muy curioso y amigable, tanto que ella sin dudar respondía a todas sus preguntas. Cuando terminó el descanso de Martha, él la acompañó hasta su trabajo. Todos los días él iba a visitarla y a invitarla a almorzar a la hora del descanso y posteriormente por las tardes iba por ella. Pasaron así dos meses antes de que ella aceptara ser novia de él, aunque pasó mucho tiempo antes de que él le propusiera una relación formal a Martha ella aceptó encantada, pues a Martha a pesar de sus 25 años no había tenido muchos novios y estaba muy nerviosa e indecisa en elegir la respuesta correcta cuándo él le propusiera ser una pareja formal.

Humberto mientras tanto planeaba su noche especial, en su casa, no muy lejos del centro comercial preparaba día con día el plan para consumar su relación con Martha. Vivía solo, en una casa grande ubicada en una calle muy poco transitada, debido a que el acceso principal estaba cerrado a los carros, su casa era hasta cierto punto muy común, una sala, un baño, comedor, cocina, dos recámaras, etc. Pero su mundo estaba en el que él le llamaba la Recámara del Amor, era una habitación en el la planta de arriba, en donde estaban las otras dos recámaras, la puerta estaba pintada de color negro que contrastaba con las otras puertas pintadas de color blanco, dentro de la Recámara del Amor, había una cama cómoda matrimonial, con sábanas blancas y una colcha roja de terciopelo, en un gran clóset se encontraban colgados vestidos de todo tipo, desde bellos vestidos de noche, hasta diminutas minifaldas de piel y blusas con gran escote. Dentro de los cajones del clóset se podía encontrar ropa interior para dama de todo tipo, microtangas, tangas, pantaletas, ligueros, sostenes, medias, bikinis. Abajo en el suelo había innumerables zapatillas de tacón alto, botas de tacón de aguja, zapatillas de plataforma. Contiguos al closet, había dos grandes baúles, en uno había juguetes eróticos como penes de plástico de todos tamaños y tipos, consoladores, vaginas de plástico, bolas chinas, muñecas de plástico, etc., y dentro del otro baúl había tenedores, cuchillos, látigos, encendedores, navajas, cadenas, lazos, botellas, antifaces, gargantillas con picos, tubos, esposas. En la parte central del cuarto había una gran mesa en la que se podían apreciar ralladuras, sangre seca y cabellos. Esto nadie lo sabía, ni siquiera el nombre verdadero de Humberto Ramírez, José Durán era su nombre, había heredado una gran fortuna de su padre y aunque podía vivir en una gran casa llena de lujos, él prefería tener varias casas chicas y hacer lo que le más le gusta en la vida, era un experto en el sadismo y lo disfrutaba mucho con todas las mujeres que había conquistado, actualmente tenía alrededor de 50 chicas en toda la ciudad con las que salía, pero debido a su astucia nunca habían coincidido una con otra y podía llevar estas relaciones tanto tiempo como quisiera, o como sucedía a menudo, cuando se aburría de alguna simplemente dejaba de verla. Ahora José Durán estaba ansioso por descubrir las delicias de su nueva novia, una chica de carisma y muy dulce, tanto que hasta aparentaba menos edad, eso lo excitaba de una manera incontrolable.

Por fin llegó el día en que la convenció para ir a su casa, era una noche de octubre, la llegada del otoño hacía que el clima se tornara un poco más frío, él llegó por ella a su trabajo y como de costumbre la esperó en la entrada sur del centro comercial. Martha iba vestida como le había pedido él, un sostén negro de media copa, una blusa negra de seda, un pantalón ajustado con el que se le marcaba perfectamente la perfección de sus glúteos y piernas, un par de zapatillas abiertas de tacón alto y finalmente su abrigo negro que le cubría el cuerpo del aire frío. Cuando llegaron a la casa de él, ella se sintió cómoda, segura y deseada, no tenía ahora la menor duda de entregarle su cuerpo a Humberto, pues estaba perdidamente enamorada de él, se sentaron en el sofá de la sala, tomaron algunas copas de vino mientras escuchaban románticas piezas de música clásica, cuando José decidió que era el momento la cargó en sus brazos y la subió hasta la Recámara del Amor, la posó lentamente sobre la colcha de terciopelo rojo de la cama y encendió una tenue luz en el cuarto, ella admiraba asombrada aquella recámara, pues contrastaba con la acogedora sensación que daba el resto de la casa. Él comenzó a besarla desesperadamente y ella le correspondió de inmediato, mientras él trataba de desabotonarle su blusa Martha lo detuvo, se apartó de José y se puso de pié a un costado de la cama, lentamente ella se iba despojando de su blusa, de aquel pantalón negro y quedó sólo en una provocativa ropa interior, José se abalanzó sobre ella, tocándola, manoseándola, besando todo su perfecto cuerpo, la aventó en la cama y del baúl sacó un par de cadenas, ella sonriendo colocó sus manos en frente, entregándolas a él, José le colocó las dos cadenas en cada una de sus muñecas y las fijó en dos argollas en el techo, Martha quedó de pié en la cama, con sus manos levantadas atadas a las cadenas que pendían del techo, José le colocó unas zapatillas plateadas de tacón muy alto, al verla en aquella posición, indefensa, con una tanga que con trabajos le cubría el vello de su pubis y un sostén que a causa de la posición de las manos resaltaba sus senos comenzó a desvestirse hasta quedar completamente desnudo, comenzó a masturbarse mientras la contemplaba, ella le imploraba que la penetrara, pero el se negó, tomó un fuete de su baúl y comenzó a azotar los glúteos de Martha, ella gemía y de vez en cuando soltaba un leve grito de dolor, los azotes cesaron hasta que los glúteos de Martha mostraron signos de irritación debido a su exagerada coloración roja que parecía que la sangre le iba a brotar de un momento a otro. José la desnudó por completo, cortando los tirantes del sostén pudo quitárselo sin soltarla de sus ataduras, tomó un tenedor de su baúl y comenzó a rasguñarla con él en los senos, veía las marcas que dejaban aquellos picos de metal sobre los pezones de Martha, ella gritaba y pedía que se detuviera, pero José no hacía caso, mientras ella se retorcía el la miró fijamente, se acercó a ella y la penetró violentamente una y otra vez hasta que se cansó. Martha estaba asustada, pensaba al principio que solo era un juego pero ahora ya no le gustaba pues José la lastimaba, cuando lo vio sacar del baúl otro par de zapatos le dio que por favor la soltara y él se negó, con dos lazos de seda separó y amarró los pies a ambos lados de la cama mientras lucían ahora un par de plataformas transparentes, José tomó un pene de plástico de grandes dimensiones y comenzó a penetrarla con el artefacto de una manera brutal, de tanto en tanto se lo sacaba para golpearle los glúteos con el mismo juguete, Martha lloraba implorando que se detuviera, que le dolía mucho, que no le gustaba, José la amordazó, la descolgó y desamarró para colocarla en la gran mesa del centro, ella le pedía con la cabeza que no, trataba de safarse de él pero no lo lograba pues José era tres veces más fuerte que ella. Tomó las esposas y la abrió de piernas de tal manera que los pies le colgaran a cada lado de la mesa y se los esposó a cada pata de aquella mesa, las manos de igual forma las amarró con los lazos de seda a cada pata, Martha mostraba asustada y trató de liberase cuando José sacó una navaja y se acercaba a ella, tomó una de sus piernas y de una manera rápida hizo un corte superficial, casi un leve rasguño pero tan preciso que de inmediato comenzó a emanar sangre la herida, él chupó la sangre tibia que salía de la pierna de Martha, le tapó los ojos y se trepó encima de ella, encendió una vela y comenzó a dejar caer la cera sobre su vientre y sus pechos, Martha se retorcía y continuaba llorando. Así pasó un largo rato, José hacía con el cuerpo de Martha lo que quería, la desataba, la cambiaba de posición, usaba sus juguetes sexuales en ella, la lastimaba, le ponía ropa, se la quitaba, hasta que decidió que ya había hecho lo suficiente, le quitó la venda de los ojos y la mordaza, Martha seguía llorando, el la miró complacido, le sonrió, −La belleza debe morir− le dijo mientras le clavaba una daga en el corazón. En la madrugada solo salió con un gran bulto en los brazos que colocó en la cajuela de su carro y se fue rumbo a las afueras de la ciudad, en una carretera casi intransitada se detuvo, abrió la cajuela y arrojó el cuerpo de Martha envuelto en una gruesa cobija que comenzaba a empaparse de sangre. Cuando regresaba a la ciudad el ya casi amanecía y decidió detenerse en un pueblito antes de llegar a la zona urbana en donde podía tomarse un café. Se detuvo en un pequeño restaurante, la hija del dueño que tenía 24 años y lucía una bella cara y un cuerpo de admirarse se acercó a tomarle la orden, −Qué desea señor? −, −Solo un café por favor−, el miraba como se alejaba la muchacha moviendo coquetamente sus caderas, dos minutos después ella regresó con el café, él agradeciéndole y sonriendo de una manera amable le preguntó −Disculpa creo que estoy perdido, me podrías ayudar? −.

Caguamas

Dedicado a Vidal, contador interminable
de historias sobre la selva y el mar.


Eran mas o menos las seis de la tarde, lo sabía porque por la ventana vi pasar a las gaviotas, llevaban los ojos fijos en el horizonte y las alas cansadas, se dirigían hacia el barco que encallo allá en el arrecife, aquél que naufragó con el último huracán y que ahora solo sirve para que las gaviotas pasen ahí las noches. Además era la hora de los mosquitos que ya comenzaban a picarme los brazos y las piernas, por eso me levante de la hamaca y prendí la vela que estaba sobre la mesa. Había dormido casi todo el día y mis ojos estaban ya cansados de tanto dormir, por eso los traía hinchados, es mentira que se me hinchen por llanto, ya no lo hago más, ya no le lloro a la que me abandonó. Me acuerdo que tenía un mal sabor de boca y para quitármelo encendí un cigarro, el pelo se me alborotaba con el aire que venía del mar y que entraba por la ventana, una caguama sobre la mesa me recordó que tenía que ir al pueblo, hoy es viernes y en la cantina hay “Hora feliz”.

Hacía ya varios meses que no iba a la playa y mucho menos me embarcaba a pescar, desde que ella se fue ya no tengo ánimos de nada, es increíble que alguien se vuelva tan necesario y de repente irse un día, así sin más ni más. Nunca supe la razón pero recuerdo que se largó el mismo día en que el Teniente Villafuerte (que había venido desde el puerto de Veracruz), zarpó hacía Tamaulipas, nunca hice caso a los rumores de la gente, dijeron que el tal Villafuerte la enamoró en las piedras que están cerca del faro, un día se la encontró cuando ella venía de recoger caracoles, conchas y esqueletos de erizos que vendía en la plaza. Nomás le hablo bonito al oído y ella cayó a sus pies, yo no lo creía pero lo sospechaba porque un día me dijo que la marina era lo máximo, que le gustaban mucho los uniformes y después me di cuenta que no eran los uniformes sino los uniformados. Perdí todo cuando la perdí a ella, no me gusta acordarme de eso porque me agarra la tristeza.

La luna ya entraba por la ventana, era hora de ir al pueblo, me puse mis chancletas y decidí primero dar una caminada por la playa para ver el camino que refleja la luna sobre el mar. Anduve sobre la arena y de pronto vi una sombra que se arrastraba playa arriba, me acerque y me di cuenta que era una caguama que salía a desovar, la dejé seguir su camino y yo continué con el mío pero la necesidad de tener dinero para componer mi motor y salir a pescar era más y regresé a mi casa por un machete y un par de cubetas, destacé a la tortuga, metí las aletas en una cubeta y los huevos en otra. Me devolví a la casa y guarde algunos trozos de carne en la nevera junto con los huevos, el resto lo metí en una mochila y me fui para la cantina. Cuando llegué vi a Don Teófilo sentado en una mesa con Rigoberto, el hijo del panadero, seguramente hablaban sobre poner otra panadería fuera del pueblo, en la capital del Estado donde el comercio da más frutos. Algunos pescadores estaban reunidos en un rincón contando anécdotas mientras mujeres oliendo a sexo y a perfume barato se sentaban en sus piernas y les mecían los cabellos. Me dirigí a la barra y le pedí a Pedro una cerveza, en el lugar no había ningún posible comprador de la mercancía que traía, cuando terminé mi cerveza ya estaba dispuesto a irme, pero de pronto entro a la cantina Don Gaspar, dueño de varias fondas en la capital estatal que siempre están llenas de clientes extranjeros, se sentó con su compadre Melquíades el dueño de la botica, hablaban probablemente del último paquete de hierba que le llegó al boticario, siempre esta bien surtido y Don Gaspar se la compra para vendérsela a los extranjeros. Pedí otra cerveza y me dirigí a su mesa, Buenas Don Gaspar, cómo le va, Que pasó Eleazar pensé que no te ibas a levantar hoy, pos como te pusiste bien briago anoche, No pos ya ve que soy aguantador, las cervezas me alimentan, me da la energía que necesito pa’ levantarme cada día. Melquíades se levantó, creo que se había incomodado de mi presencia, se despidió de Don Gaspar y salió de la cantina. Le traigo un negocito, cómo andan sus platillos en sus restaurantes, Bien, gracias a Dios me va bien, siempre tenemos de todo, Bueno pero ya no vende platillos exóticos, No ya no, desde que se pusieron las leyes esas pa’ proteger a los animales he dejado de vender ese tipo de comida, lo malo es que dejaban más lana, Pos que le parece si vuelve a incluir en el menú tortuga, Tortuga, Sí, de las de mar, No, no quiero tener problemas con la ley, además no tengo tiempo para ir a saquear los nidos, prefiero vender comida común y corriente sin problemas, la última vez que vendí tortuga casi pierdo uno de mis restaurantes, el gobierno me lo quería quitar, Anímese, mire no tiene que ir a saquear los nidos, aquí traigo una. Eleazar acercó su mochila cuidadosamente y sin que nadie pudiera ver abrió el cierre dejando ver las aletas de la tortuga. A chingá dónde la encontraste, en la playa, salió a desovar cerca de mi casa, no había nadie, nadie me vio, Y los huevos, Esos los tengo allá en la casa, son cerca de doscientos, Estas seguro de que nadie te vio, pos claro, además borré todo rastro. Don Gaspar se tomó unos minutos para pensar, tomó un trago de cerveza y cruzó los brazos, después de un respiro hondo se convenció, salimos de la cantina y nos dirigimos a mi casa en su camioneta, llegando allá saqué de la nevera los huevos y se los di, Don Gaspar me pagó a peso cada huevo, recibí en total por los huevos ciento setenta y cinco pesos, y por las aletas doscientos pesos más, cuando cerramos el trato y se fue me quedé acostado en mi hamaca, mirando pa’l techo, después de algunos minutos me fui otra vez a la cantina . Cuando llegué ya solo había algunos pescadores que tomaban cerveza con mujerzuelas, pedí una mesa, una botella y una vieja, cuando terminé con la botella me fui pa’ mi casa con aquella mujer de voluptuoso cuerpo, era una morena fogosa y seguimos bebiendo, entre otras cosas. Por la mañana cuando desperté me hallaba solo, aquella amante pasajera se había ido, el sol que entraba por la ventana me daba en la cara molestándome con su luz y un dolor de cabeza me puso de mal humor, tenía la boca seca y una sed endemoniada así que busqué algo de beber, no había nada y el dinero me lo había gastado en alcohol y sexo barato, la sed se volvía más insoportable, salí de mi casa rumbo a la playa, llegué al sitio donde había estado la noche anterior y ahí sobre la arena estaba recostada, los rayos del sol le pegaban en el dorso, la toque y noté que estaba muy caliente, tome la caguama y la lleve a casa, sentí como si hubiera encontrado un tesoro, saqué hielo de la nevera para enfriarla y me la bebí.

Ahora sigo en espera de algún trabajo para ganar algunos pesos y arreglar mi motor. El resto de la caguama lo devolví al mar esa misma noche. De eso… de eso me acuerdo bien.

Las tierras altas: un sueño compartido

Bosques de coníferas dominan el paisaje, en estas tierras altas es lo que abunda. El viento sopla y produce un leve silbido cuando empuja a los árboles, las ramas se mueven tambaleantes y cortan la luz por instantes, las voluptuosas semillas caen al suelo, los nidos se balancean, las aves se preocupan. Una nube gris de gran tamaño ha ocultado la luz del sol, los cantos de las aves han cesado, varias surcan el cielo con cierta prisa, otras esperan. A lo lejos se distingue algo. Son ojos claros.

En el suelo hay algunas piedras con musgo verde pegado a ellas, algo de musgo también invade la corteza de los árboles, la tierra no se ve, hay demasiadas hojas secas. Algunos arbustos se amontonan, como buscando protección entre sus frágiles ramas, mas allá está el llamado “zacate”, amarillo, con hojas cortantes. La oscuridad llega primero al suelo del bosque que a algún otro sitio, serpientes, lagartijas conejos se esconden ante cualquier disturbio. Entre las ramas de los arbustos hay algo. Tiene piel blanca.

Las gotas de agua han empezado a caer despreocupadamente, llegan primero a las copas de los árboles, se deslizan por las ramas, caen al suelo y mueren, algunas otras mueren en la corteza y nunca llegan al suelo. El musgo parece que se alegrase con esta agua que cae para él inexplicablemente cae del cielo, recibe las primeras gotas y las guarda. Las nubes cada vez se hacen más oscuras y el ambiente cambia. Sobre el camino viene algo. Un cuerpo delgado y fino.

Hay en el bosque algo que atrae, no es el olor, ni los árboles, ni ese color verde. Ahora las gotas se han convertido en lluvia, el suelo del bosque se ha mojado y corren algunos riachuelos pendiente abajo, al musgo ahora le sobra el agua y no sabe cómo quitársela de encima, los árboles se quedan parados, quietos, mojados, resignados a tener que aguantar los caprichos de la naturaleza. Se escucha un trueno y el relámpago aparece por segundos. A unos pasos se escuchan ruidos. Tú.

Te sientas a mi lado, sin hablar, sonríes. No te importa la lluvia, me tocas, tomas mi mano, piensas. Te miro y callo, sonrío, no me importa la lluvia, tomo tu mano, te abrazo. El riachuelo ahora es más grande y el viento ha cesado, la lluvia ha opacado el paisaje pero el ambiente es fresco y hay un olor a nuevo.

El ruido de las olas nos despierta, el mar está azul, el calor nos invade, te miro, me miras… reímos.

También de amor se muere

También de amor se muere

Él es muy joven para comprender las dificultades de la vida, sólo tiene un par de días en este mundo pero de inmediato sabe qué hacer. Sale de su enredado refugio para comenzar su vida, sus extremidades son aún muy frágiles, pero pueden andar muy bien varios metros sin descanso, no puede ver bien, solo distingue intensidades de luz, esta falta de visibilidad la suple con un excelente sentido del tacto, así que todas las cosas primero las siente para saber qué son. Descansa a veces en pequeñas oquedades en los troncos de los árboles, o bajo la hojarasca, o en huecos subterráneos. Camina, come y duerme solo, no es muy sociable, de vez en cuando se topa con uno de su misma especie, entonces se tocan, se reconocen, esto dura sólo unos minutos, pero ese tiempo es suficiente para contarse sus penas, aprovechan la oportunidad para desahogarse el uno en el otro, para emborracharse de llanto, de dolor, de esa pena que se llama “soledad”.

Él ahora tiene cinco años, la mitad de su vida aproximadamente, ha conocido a muchos de su especie, todos machos, ha escuchado sobre aquello que ellos llaman “amor”, dicen que es el pero de los males, que cuando se enamoran pueden perder la vida, pero quienes han sobrevivido a tal embrujo cuentan que es lo mejor que le ha pasado, encontrar a alguien que los haga sentirse vivos, a alguien a quién darle amor y cariño, alguien con quién fundirse bajo las cálidas noches mirando cómo la luna se esconde entre las copas de los árboles. El “amor” es peligroso, cuando te enamoras todo es regocijo, felicidad, mientras te deslizas entre el tacto de tu amada, entre caricias que duran horas, ese ritual que siempre concluye con la acción de procrear, y al final olvidas que puedes morir, y es entonces cuando pagas por dejarte llevar por tus sentimientos, si recobras el sentido en el último minuto puedes llegar a salvarte. Dicen que hay que enamorarlas con el corazón, hay que amarlas profundamente, con todas tus fuerzas para que queden sumergidas en ese idilio, y como premio te dejan ir, es entonces cuando puedes salir ileso para volver a tu soledad.

Él estaba harto de estar siempre solo, soñaba con esas caricias en las noches, buscaba entre hojas secas, caminaba casi toda la noche en busca de alguien a quién entregarle su amor, tenía mucho miedo de morir, pero era tanto su deseo de amar que opacaba aquel temor por la muerte, se decía así mismo que iba a ser el mejor amante, escribiría poemas de amor, mejoraría su imagen, haría extremadamente feliz a su amada para que ésta le permitiera salir con vida, para enamorarla y robarle su corazón, y por que no, tal vez hasta llegar a ser una pareja.

Ahora ya había perdido la cuenta de las mudas que llevaba, se pasaba las noches en vela invirtiendo su tiempo en la búsqueda de un amor, cada instante era terriblemente devorado por sus ansias de saber, de conocer lo que era entregarse a alguien. Fue una noche de vagabundeo como todas las anteriores cuando apareció, Él estaba contándole sus sueños a las estrellas cuando la percibió, era más grande que él, caminaba sin preocupación alguna con ese contoneo de extremidades que lo cautivó. Ella fingió no verlo pero sabía de su presencia, estaba segura de que Él la seguiría donde fuera. Así pasó, durante algunos minutos, Él la siguió a una distancia prudente, cuando Ella se detenía a inspeccionar algo Él también detenía su marcha y se agazapaba para evitar ser descubierto, completamente enamorado perdió la timidez y el miedo y se fue acercando cada vez más, hasta que ya era tan corta la distancia entre los dos que Ella decidió darse vuelta y hacerle frente, extendió sus dos patas delanteras hacia arriba, dejando ver sus grandes colmillos en muestra de amenaza. Él totalmente idiotizado se acercó cuidadosamente, cada movimiento era decisivo para dar el siguiente paso, muy pero muy lentamente se acercaba a Ella, en unos segundos el ya había tocado una de las patas delanteras de Ella con cierto temor, Ella no se inmutó y dejó que se acercara más su enamorado. Cada vez que Él conseguía tocarla su excitación se desbordaba desesperadamente, su corazón se aceleraba a una velocidad inimaginable, era la primera vez que tocaba a alguien del sexo opuesto y le fascinaba, recordó que tenía que sujetarle bien las patas delanteras y mantenerlas arriba para que de esta manera permanecieran alejados de él los colmillos de Ella, con mucho esfuerzo lo consiguió y ahora Él estaba más cerca, los cuerpos se rozaban con cada respiro, comenzó a declararle su amor, a jurarle serle siempre fiel para mantenerse juntos y vivir acompañados uno del otro, comenzó a cantarle al oído una canción que sólo en ese momento entendió, Él bajó una de sus patas para acariciarle la espalda mientras la luna iluminada aquel encuentro de amor. La respiración de Él comenzó a aumentar de ritmo, se abrazó a Ella y comenzó a hacerla suya de manera desesperada pero a la vez amorosa, Ella dejó que le hiciera el amor de sea forma tan apasionada, los movimientos de Él eran cada vez más rápidos a medida que aumentaba su excitación, de pronto un gemido salió de su boca junto con un gesto de placer y de dolor al mismo tiempo, Ella le había clavado sus colmillos en el pecho justo cuando Él había bajado las patas que le servías como defensa, amorosamente Ella lo devoraba, con un rostro de satisfacción y de placer succionaba el cuerpo previamente digerido de su amante.

Después de una noche placentera en la que disfrutó primero del amor y después de una cena Ella siguió su camino, algunos metros más adelante encontró a otro novato en las artes de amar, lo sedujo y disfrutó nuevamente con aquel ingenuo que creía que no había sido devorado porque logró enamorarla con los versos que le susurraba al oído, pero Ella no pensaba ya en matarlo para luego comérselo puesto que en ese aspecto ya estaba satisfecha.